Zamia Fandiño es una de esas artistas que desafían cualquier etiqueta. Actriz, fotógrafa y amante del arte en todas sus formas, ha construido una carrera que atraviesa continentes, idiomas y géneros. Desde el teatro shakesperiano hasta el cine de terror, pasando por la fotografía documental y la sátira del mundo del arte, su versatilidad es su sello.

En esta entrevista exclusiva para Ambiance, Zamia nos habla de sus proyectos más recientes: la segunda temporada de Cada Minuto Cuenta, su aterradora interpretación de La Llorona, y la mordaz crítica al mundo del arte en Art Is Dark And Full Of Horrors. También reflexiona sobre los estereotipos en la industria, el poder de la fotografía como herramienta creativa y sus sueños más profundos.

En Art Is Dark And Full Of Horrors interpretas a Mara, una curadora de arte, en una sátira que explora el lado oscuro del mundo del arte mexicano. La cinta se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Rotterdam y, recientemente, en el Festival de Guanajuato. ¿Qué fue lo que más te cautivó de este personaje y de una historia que critica un sistema donde “el dinero y el poder eclipsan el mérito artístico”?

Esta historia está basada en hechos reales. Es una cinta oscura sobre el engranaje del mundo del arte, entre artistas, curadores, galeristas, coleccionistas, etcétera. Los personajes principales están inmersos en su propio ego; cada uno busca obtener sus propios beneficios sin importar los de los demás. Es un mundo de pertenencias y de poder donde el fin justifica los medios. Aunque todos son parte del mundo del arte, su foco no está en ello, sino en lo que pueden obtener a través de él: el reconocimiento, el prestigio, el dinero y el poder. El que llega es el más astuto, el que tiene los contactos, la astucia, el encanto o los medios. En ese entorno, la envidia, la ambición, el enojo y la frustración salen a relucir en algunos de ellos. En esta historia oscura y llena de horrores, ningún personaje sale invicto; todos tienen cola que les pisen y todos muestran sus carencias y miserias.

Zamia Fandiño

Mara es una curadora de arte de un importante museo. Es una mujer con poder e influencias, y sabe jugar con él para obtener lo que quiere, para empujar a quien le conviene. Pero su deseo y su posición no son suficientes; ella cree tener el poder real sobre los artistas, pero también son ellos quienes intentan manejar sus propios hilos para usarla o destruirla.

Has mencionado que filmar esta película fue todo un reto, incluso con una escena clave que rodaste sufriendo de migraña. ¿Cómo logras mantener la concentración y la entrega actoral en condiciones físicas tan adversas? ¿Qué aprendiste de esa experiencia?

No tienes opción. Yo nunca le dije a la producción que me encontraba con una migraña muy fuerte y que no estaba en condiciones de trabajar, porque un llamado implica el esfuerzo de mucha gente y no se podía cambiar el plan de trabajo. Simplemente tienes que enfocarte y dar lo mejor de ti. Aunque se me iba un ojo de lado, la luz me molestaba mucho y me dolía demasiado la cabeza, tenía que concentrarme el doble. A pesar de sentirme mal, hice mi llamado así. Sufro de migrañas muy fuertes desde los 24 años. Aprendí que hay que comunicarlo a la producción.

Hablando de tus otros proyectos: recién se estrenó la segunda temporada de la serie Cada Minuto Cuenta. ¿Cómo fue preparar un personaje como Mónica en un evento histórico tan doloroso y significativo para el país?

Estuvo muy lindo este proceso. La producción nos facilitó mucha información histórica, además de que nos dieron un curso de primeros auxilios donde se resolvieron gran parte de todas nuestras dudas. Me documenté mucho. Nuestro director y showrunner, Jorge Michel Grau, también estuvo muy presente e involucrado en facilitarnos toda la información que necesitábamos, antes de empezar el rodaje y durante la filmación. También tuvimos una coach actoral que nos habló de la corporeidad en los ochenta.

Fue muy poderoso y significativo para mí que me tocara interpretar a una doctora, porque, por parte de mi linaje paterno, casi todos son doctores: mi abuelo, mi tío, mi primo… Entonces, estar en los zapatos de Mónica le cumplió el sueño a mi papá, porque él quería que yo fuera médico.

Además, yo era muy niña cuando fue el terremoto del 85, y me acuerdo de todo, porque fue un evento también muy traumático para mí. Yo vivía en un edificio en Coyoacán que casi se cae; se desmoronaron las paredes, se cayeron los muebles, se rompieron las ventanas. Pero lo más duro vino después, cuando terminó el terremoto, porque no podíamos bajar las escaleras, ya que se resquebrajaban y se caían en cuanto las pisábamos, al igual que las paredes.

Fue un evento muy duro para todos quienes lo vivimos. Recuerdo mucho los edificios destruidos en Tlalpan y en el Centro, y las historias tan tristes y espeluznantes de todas las víctimas y sus familias, algunas personas muy cercanas.

Zamia Fandiño

También nos gustaría que nos contaras sobre La Llorona y cómo fue presentar una versión más oscura, por así decirlo, de esta leyenda.

Fue increíble, porque la versión de Patricia Harris Seeley es muy opuesta a lo que yo imaginé cuando leí el guion. Yo la concebía como un espíritu más etéreo, pero mi personaje era un monstruo. Ella, en el set, me dijo que no era por ahí y me explicó muy breve lo que quería. Yo seguí todas sus indicaciones al pie de la letra, le entendí perfectamente, muy rápido.

Pero sí fue terrorífico, porque llegué a sufrir un ataque de pánico un día en el camper. Llevaba demasiadas horas con el prostético y las extensiones; el vestido me apretaba mucho, me quedaba chico y me molestaba. Y cuando empecé a decir mis diálogos y me vi en el espejo, cosa que nunca hago… Ya no estaba Zamia, era solo la Llorona con muchas cargas y dolor. Fue súper fuerte; no existía ni un ápice de mi persona, era un monstruo, un monstruo de un alma muy oscura. Me acuerdo que abrí la puerta y justo pasaba la productora, y empecé a llorar con mucha angustia y le pedí que me quitaran todo. Me quería arrancar el prostético, pero no podía, me hubiera arrancado la piel. ¡Estuvo rudo!

Después descansé, tomé aire y me di cuenta de que ya estaba viviendo el personaje dentro de mí. Fue muy poderoso.

Zamia Fandiño

Tenemos el dato de que el vestuario de La Llorona pesaba muchísimo y que usabas extensiones largas y un prostético de media cara. ¿De qué manera esos elementos físicos y la incomodidad del rodaje se convirtieron en una herramienta creativa?

Todo suma. Me encanta cuando ya no soy yo, cuando solo ves a un personaje. El maquillaje magistral, los peinadores, la vestuarista… ¡Todos hicieron magia! Y me ayudaron a hacer parte de la chamba, porque cuando trabajas con una máscara, construyes de afuera hacia dentro; la máscara te da todo. Yo nada más presté mi alma y mi cuerpo para una interpretación maliciosa y horrífica. La prensa inglesa y europea, en general, habló muy bien de mi trabajo, y eso me dejó muy contenta.

Zamia, has trabajado en cine, teatro y televisión en múltiples países, desde Estados Unidos hasta Egipto. Has dicho que “el actor tiene que ser flexible como la plastilina”. ¿Cómo logras esa adaptación total cuando pasas de un proyecto a otro, cambiando no solo de personaje, sino también de idioma, cultura y hasta de continente?

Cada cultura es una inspiración creativa infinita que amplía tus horizontes en un mundo diferente y expansivo. Lo notas desde que llegas: el paisaje, los olores, la energía, la comida, la gente, la manera de trabajar. Todo es inspirador, porque estás lejos de tu cotidianidad; te sientes como un niño descubriendo un mundo nuevo. Y eso te saca de tu zona de confort y te genera material fresco, creativo e inmediato que puedes utilizar.

Hablando de tus otras formas de arte: has dicho que el arte es “esa expresión que tiene el ser humano para poder expresar sus emociones”. ¿De qué manera tu ojo como fotógrafa influye en tu trabajo como actriz, y viceversa?

La fotografía me da tierra, porque yo me vuelvo invisible; son las personas, los paisajes, las situaciones las que son protagonistas de la historia, y entonces ya no existo yo, sino ellos. Me recuerdan que mi trabajo está al servicio de algo más grande, que yo soy solo un canal de comunicación, expresión e inspiración para el mundo.

Zamia Fandiño

En 2019 participaste en la XXV edición de Arte Vivo en el Museo de Arte Moderno, donde se subastó una de tus fotos. ¿Qué significa para ti tener ese reconocimiento en el mundo de las artes plásticas?

Se siente muy bonito y mucha gratitud de estar junto a artistas que tienen todo un recorrido y reconocimiento en el mundo del arte y las artes plásticas. Me tocó compartir con artistas como Pedro Friedeberg, Jorge Marín, Pedro Coronel, Vicente Rojo, Graciela Iturbide, Grace Coddington para Louis Vuitton, entre muchos otros tan admirados. Yo era una privilegiada de estar ahí, con artistas tan gigantes y con un recorrido tan admirable.

De todos los personajes que has interpretado en tu carrera, ¿cuál dirías que es el que más te ha marcado o transformado como persona y por qué?

Hay dos personajes muy especiales para mí. El primero es Calibán, de La Tempestad de William Shakespeare, que interpreté en una obra de teatro con Mauricio Jiménez cuando me gradué de la ENAT. Calibán era un personaje lleno de opuestos: por un lado, era tierno y soñador; por el otro, era el monstruo más temido de la isla.

El segundo es La Llorona, de la película de Patricia Harris Seeley, porque primero era María, una muchachita dulce y llena de ilusiones, y cuando le roban a su hijo y la matan, se convierte en un alma maliciosa, llena de dolor, rencor y maldad.

Zamia Fandiño

Para cerrar esta parte, has dicho que en México “estamos muy cerrados a los tipos” y que el talento “no tiene que ver con nuestro tipo físico”. Desde tu perspectiva, ¿qué crees que debería cambiar en la industria del entretenimiento mexicano para que haya más apertura y se apueste más por el talento por encima de los estereotipos?

Creo que deberíamos empezar a trabajar más con personajes arquetípicos y dejar atrás los estereotipos. Necesitamos romper los moldes, los estigmas físicos de los actores para encajar en ciertos perfiles. Por ejemplo: el pobre y el criminal no siempre son morenos; el rico no siempre es blanco. El ser humano tiene más capas que un color de piel o un tipo físico.

Para conocer más a Zamia

Si no fueras actriz ni fotógrafa, ¿qué otra profesión te gustaría explorar y por qué?

Me encantaría ser un David Attenborough, un pionero científico trabajando para la BBC, hablando de naturaleza y de las especies, haciendo documentales y programas en todo el mundo. También me hubiera gustado ser oceanógrafa; me especializaría en biodiversidad marina, porque amo el océano y sumergirme en él. O haber sido astronauta; me encanta todo lo relacionado con el Cosmos, escudriñando los misterios de la vida, el universo y las estrellas. Creo que la naturaleza es lo mío… y contar historias.

¿Cuál es el olor, sabor o sonido que te transporta inmediatamente a tu infancia?

El sabor del azafrán es el sabor de mi infancia, y el sonido de la gaita.

De todos los países en los que has trabajado, ¿hay alguna tradición o costumbre local que hayas adoptado en tu vida diaria?

He adoptado el budismo como forma de vida. Medito todos los días, practico yoga, escucho mucho el sonido del gong y del om. También he abierto mis opciones culinarias a casi todas las culturas.

¿Quiénes serían las artistas mexicanas favoritas de Mara?

Mara prefiere artistas masculinos. Pero si tuviera que elegir, escogería a Remedios Varo, Leonora Carrington, Frida Kahlo, Lilia Carrillo, Minerva Cuevas y Carmen Mondragón.

¿Qué película o serie con talento mexicano recomiendas siempre a quien te pide una recomendación?

Hay tantas que me gustan, porque tenemos mucho talento en México. Me encanta La Cocina de Alfonso Ruiz PalaciosAmores Perros de Alejandro González IñárrituRoma de Alfonso Cuarón. Otras más comerciales: Kilómetro 31 de Rigoberto CastañedaMatando Cabos de Alejandro Lozano. ¡Hay tantas!

 

Sigue a Zamia en Instagram: @zamiafandino

 

Créditos

Fotografías cortesía de Zamia Fandiño.

PR: Yconik (@yconik) y Arturo Calleja (@artur_calleja).

Entrevista: David Patiño Torres (@bavidbavid).