Desde la intensidad de Nuevo Orden hasta el universo de Narcos: México, la carrera de Zamira Franco se ha definido por una búsqueda constante: proyectos que dialoguen con la realidad. Su último desafío es La Virgen Silenciosa, un filme que explora el silencio, la opresión y la rebeldía.
Conversamos con ella sobre la construcción de su personaje, la colaboración con el director Xavi Sala, la revelación que tuvo en un plano secuencia y por qué, para ella, el arte debe impulsarnos a hablar. Descubre a la mujer detrás de la actriz.
Zamira, en La Virgen Silenciosa tu personaje, Valeria, vive una transformación radical, pasando de una vida controlada a desafiar todo a su alrededor. ¿Qué fue lo primero que conectaste con ella? ¿Había algo en su silencio inicial o en su rebeldía posterior que resonara contigo de manera personal?
Lo que conecté con el personaje de Valeria, sin duda, fue su búsqueda por la libertad. También me hizo recordar el momento en el que yo decidí ser actriz, cuando mi mamá no estaba de acuerdo. Me recordó a ese arrojo de aquellos días, que al final creo que coincide en esta búsqueda de mí misma, de la libertad y de los sueños. Por ahí fue como un enlace muy fuerte con Valeria.
La película habla de injusticia sistémica y celebración personal a través de la relación entre Valeria y Tania. ¿Cómo trabajaste con Ruth Ramos para construir esa química, que es el motor del cambio de Valeria? ¿Y cómo fue la dinámica con Mercedes Hernández, quien encarna esa figura de control materno?
Conocí a Ruth en 2022, porque fui a hacer una residencia a Guadalajara. Me cayó muy bien y me pareció una gran profesional. Cuando me quedé en el proyecto como protagonista y empecé a trabajar con ella, todo se dio de una manera bastante sencilla. Ruth tiene una escucha muy desarrollada y una intuición también muy grande. Conforme avanzaban los ensayos, yo sentía mucha más confianza y realmente fue muy placentero trabajar a su lado.
Incluso, las escenas de intimidad que hay dentro del largometraje fueron acordadas en conjunto, siempre con la confianza y el respeto hacia nuestros cuerpos y nuestra propia intimidad, y con mucho cuidado. También algo muy importante es que hubo mucha química, tanto como actrices como personas, y eso facilitó mucho todo.
Con Mercedes, ella es una actriz a la cual admiro muchísimo. Lo que sucedió fue que hicimos algunas improvisaciones que tenían que ver con la película, pero que no eran exactamente las mismas que venían en el guion. Ahí surgieron cosas que alimentaron mucho la relación entre Valeria y Juana. Para mí fue muy importante confiar plenamente en el trabajo de mis compañeras, en el de Xavi Sala y en el mío propio. Confié en toda la trayectoria que respalda a Mercedes y sentí que estaba en las mejores manos posibles.
Vienes de una sólida formación y carrera en teatro, un medio donde el ensayo y la inmersión son profundos. ¿Cómo adaptaste tu metodología actoral para el cine, especialmente en una película con un tono tan realista? ¿Extrañaste la retroalimentación inmediata del público?
Adapté mi metodología con un acto de conciencia, sabiendo en dónde estaba ubicada y qué herramientas tenía a la mano; en este caso, la cámara. Creo que hacer como esta especie de radiografía ayudó a que en todo momento mi concentración estuviera en el presente. Yo le tengo mucho respeto a les espectadores, sin embargo, en el caso del cine esta retroalimentación también la tenía por parte de mi director, de mis compañeras y de todo el equipo. Entonces, no fue algo que extrañara realmente.
Tener estas retroalimentaciones presenciales ahora, con la premier de la película, sí ha sido muy satisfactorio, pero no fue algo que extrañara durante el rodaje. Y sobre este tono tan realista, creo que con esta conciencia y este enfoque de saber que la cámara me estaba observando todo el tiempo, podía tener gestos muy sutiles y pensamientos muy profundos que ella podía capturar. Lo más importante aquí fue la concentración.
Sin spoilers, ¿cuál fue la escena más exigente para ti, emocional y físicamente? Y, al contrario, ¿hubo alguna secuencia o momento en el set que revelara algo inesperado sobre tu personaje o la historia?
Una de las escenas más exigentes para mí fue la escena del final, porque es un plano secuencia. Para que sucediera todo, tenía que haber una concentración muy grande por parte de todo el equipo, que todas las piezas del engranaje se movieran y sucedieran de una manera perfecta. Y justo en esta escena ocurrió una revelación y una comprensión del personaje mismo y de la historia que me gustaría mantener, digamos, en secreto. Porque creo que es uno de esos hallazgos en los que, como creadora, me siento rebasada por completo: un entendimiento tan enorme de lo que implica ser persona, de la humanidad misma.
Creo que les espectadores también podrían tener esta revelación, pero podrían tenerla desde otro lugar, desde su propia experiencia. Entonces, en resumen, me gustaría solamente apuntar sobre este plano secuencia y sobre esta revelación que tuve, que seguramente tendrán les espectadores, y dejar abierta esa posibilidad, un espacio en blanco para que puedan llenarlo con sus propios pensamientos.
Egresaste con mención honorífica del INBAL. ¿Hay algún principio, maestro o experiencia específica de tu formación teatral que siga siendo tu brújula en cada proyecto, ya sea en teatro, cine o series?
Sí, sin duda alguna. Para mí, el maestro David Olguín es mi sensei, mi guía. Creo que todos los principios que aprendí con él en el último año de la carrera me han acompañado por muchísimo tiempo. David Olguín es el sinónimo de la constancia, del trabajo profundo y apasionado, y del rigor. Estos principios y fundamentos me han acompañado todo este tiempo.
Has transitado desde la intensidad de Nuevo Orden al mundo de Narcos: México, y ahora este drama íntimo y social. ¿Cómo eliges tus proyectos? ¿Buscas conscientemente esa diversidad para evitar encasillarte o simplemente te guías por la fuerza de la historia y el personaje?
¿Cómo elijo mis proyectos? Desde 2017 para acá he tenido una curiosidad muy grande por el tratamiento de la realidad en la escena. En el caso de Nuevo Orden y de Narcos: México no fue la excepción. Me interesa que los proyectos en los que me incorporo, en los que colaboro, tengan esta búsqueda de diálogo con la realidad, y me baso mucho en esto para elegir.
Sí busco conscientemente que tengan este diálogo con la realidad y también con la diversidad. También me guío por el desafío actoral que podría enfrentar y por las personas que colaboran en estos proyectos. En el caso de Nuevo Orden, mi motivación más grande era compartir escena con mi compañera, actriz y amiga Mónica del Carmen, y trabajar con Michel Franco. Y en el caso de Narcos: México, la inspiración más grande era trabajar al lado de Matías Callejo, a quien admiro muchísimo y con quien me gustaría volver a trabajar.
El título, La Virgen Silenciosa, es potentísimo. ¿Cómo interpretas esa metáfora en relación con Valeria y, quizá, con la posición de muchas mujeres en contextos de opresión? ¿Crees que el arte, y esta película en particular, puede ser un grito que rompa silencios?
Sí, creo que el arte puede cumplir esta función. En particular, esta película creo que es una provocación muy grande desde el título mismo. Este asunto de La Virgen Silenciosa me parece muy cautivador, y también es un largometraje muy provocador. Entonces, para mí este proyecto es una provocación al diálogo. No me atrevería a decir que propiamente la película va a romper los silencios que llevamos cargando por siglos —no lo sé y no quisiera jactarme de absolutamente nada—, pero sí creo que la película es una provocación al diálogo, y creo que eso es muy importante.
Xavi Sala tiene un estilo muy particular, observacional y humano. ¿Cómo fue colaborar con él? ¿Te dio libertad para proponer o su dirección era muy precisa? ¿Qué aprendiste de su manera de hacer cine?
Xavi es un director muy minucioso, sobre todo en la parte de creación de personaje y construcción, en el análisis del guion. Ahí, mi visión de Valeria y su visión se mezclaron y se creó a una sola Valeria. Eso es algo que, de pronto, no puede ser fácil de crear con un director, porque por la vida tan productiva y veloz que llevamos, a veces no hay tiempo para construir esto al lado de ellos. Eso fue lo que sentí que ayudó mucho a la comprensión del personaje y de la historia misma.
Y respecto al rodaje, Xavi tenía muy claro lo que quería en cada escena. Yo entré a un proceso y un proyecto que tenía 8 o 10 años andando y gestionándose. Entonces, para mí fue muy evidente y comprensible que Xavi tuviera a la perfección en su cabeza lo que quería ver en pantalla. Confié plenamente en eso y me ayudó muchísimo.
¿Qué aprendí de su manera de hacer cine? Creo que esta idea… porque al mismo tiempo es un leitmotiv de la película misma, este asunto del silencio. Xavi es un director que se da la oportunidad de valorar los silencios, de pronto se vuelve una cosa muy contemplativa, y eso me gusta mucho. Me siento muy identificada en apreciar estos momentos de silencio que en realidad no están vacíos, sino llenos de muchas otras cosas que no están en el sonido. Eso fue en lo que más me sentí identificada y también el aprendizaje más grande que me llevé de trabajar con él.
Presentar la película en un festival importante como el Black Nights de Tallin debe ser un momento culminante. ¿Qué sensación te dejó ver la reacción de un público internacional a esta historia muy mexicana? Y, ya que eres beneficiaria del SACPC, ¿hacia qué proyectos y exploraciones creativas te está llevando ese apoyo?
La sensación que me dejó esta premier en Tallin fue confirmar que la película, más allá de llevarse a cabo en un contexto mexicano, tiene una potencia que es universal, porque los temas que aborda son universales. Así que tener esta retroalimentación del público de manera presencial, con unas preguntas tan pertinentes e inteligentes, me hizo confirmar esa hipótesis que tenía al respecto.
Y sobre ser beneficiaria del SACPC (antes FOMCA, ahora Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales), trabajé en una gira en Argentina que realicé en julio del 2025, y también eché a andar otra pieza unipersonal donde involucro poesía, ilustración y actuación, que se llama *33* o De cómo no soy ave, soy gato negro. Estos dos proyectos fueron beneficiarios del SACPC, y ahora lo que sigue es darles continuidad.
Más allá del entretenimiento, ¿qué responsabilidad siente Zamira Franco, la artista multidisciplinaria, al contar historias? ¿Qué esperas que el espectador se lleve después de ver La Virgen Silenciosa?
Sí, creo que el trabajo de la creación en general es una responsabilidad y un privilegio muy grande, porque pone sobre la mesa preguntas, pensamientos e incluso formas de resolución de conflictos que podrían impactar de manera muy directa a la sociedad. Entonces, sí creo que me lo he tomado muy en serio, que me lo tomo muy, muy en serio. Mi trabajo en el teatro, específicamente en teatro documental y videodrama, tiene mucho que ver con esto.
Y lo que espero que el espectador se lleve después de ver la película es que hable, que nombre, que diga, que comparta lo que le sucedió al ver este largometraje. Creo que eso sería para mí lo ideal: que llegara realmente a ese momento en el que se vincula con más personas para dialogar sobre lo que le ocurrió, sobre lo que sintió y pensó. Eso me gustaría muchísimo.
¿Qué te quita el sueño, un texto dramático difícil de descifrar o la expectativa de un estreno en un festival?
Pues ambas cosas. Todo esto que mencionas en la pregunta me quita bastante el sueño, sinceramente. Yo estoy muy convencida de que mi camino es este, que mi camino es la actuación, y que tanto el teatro como el cine requieren de mí cierta energía y ciertas exigencias. Sin embargo, no siento que uno sea más importante que el otro.
Me encanta que un texto dramático me provoque y me enloquezca, y estrenar en un festival también es algo importante y emocionante. Entonces, ambas cosas para mí son muy emocionantes, me llenan mucho.
¿Cuál es tu ritual o talismán imprescindible antes de enfrentarte a una escena cargada emocionalmente?
Creo mucho en los rituales. Me parece importante hacer un ritual de inicio y un ritual de cierre. Depende del proyecto, depende de la escena. De pronto hay escenas en las que me ayuda mucho prender una velita, o incienso. Sobre todo, la velita, es a lo que más recurro. Entonces, creo que esa sería un poco mi forma de abordar estas escenas complicadas y difíciles.
De todos los directores y directoras con los que has trabajado en teatro, ¿quién te ha desafiado de la manera más transformadora y por qué?
En teatro, en este momento podría decir dos. El primero, que mencioné anteriormente, es David Olguín, por su manera tan profunda, entregada y rigurosa de abordar la actuación. Y el otro director es Jorge Vargas, porque su diálogo con la realidad es tan conmovedor. Invariablemente, en los proyectos en los que he colaborado con él y con todo el equipo de Teatro Línea de Sombra, siempre salgo transformada de una manera u otra.
Tienen un impacto tan grande en mi persona y en mi ser actriz, que considero que su labor tiene todo mi respeto y toda mi admiración. Este diálogo con la realidad se vuelve, de verdad, muy conmovedor de observar en sus espectáculos, porque en sus piezas hay un equilibrio entre la inspiración y la técnica, y eso es muy difícil de conseguir. Podría mencionar a estos dos directores. He tenido el privilegio de trabajar con muchas directoras y directores, y cada uno ha aportado un aprendizaje enorme a mi carrera, sin embargo, menciono a estos dos.
Nombra tres cosas que nunca faltan en tu bolsa cuando estás en un rodaje.
Yo creo que, de lo básico, artículos de higiene personal, mi cuaderno de notas y mis plumones o colores. Para mí lo más importante es el cuaderno porque ahí anoto todo, y me gusta mucho ponerle colores a los guiones, intervenirlos. Eso no me puede faltar en un rodaje.
Si pudieras protagonizar un remake de cualquier película clásica del cine mexicano, ¿cuál sería y qué personaje te gustaría reinterpretar?
Bueno, clásica mexicana, creo que podría ser Macario, y me encantaría interpretar al personaje de Macario, sin duda. Me parece una película excepcional. Y, ya más del lado contemporáneo, del cine de los últimos 20 o 30 años, me gusta mucho Perfume de violetas. Esa relación entre las dos mujeres jóvenes, que están en plena adolescencia con todas estas preguntas, cuestionamientos, conflictos, caos y amistad, me gusta muchísimo. Me gustaría ser uno de estos dos personajes, aunque por edad no coincidiría. Pero si fuera solamente un sueño, podría interpretar a cualquiera de los dos protagonistas.
Sigue a Zamira en Instagram: zamirafranco___
Créditos
Fotografías: cortesía de Zamira Franco
Relaciones públicas: @yconik
Entrevista: Annelis Matias y David Patiño Torres (bavidbavid)