Rossana Nájera está en uno de los momentos más sólidos de su carrera. Su interpretación de Lía Montalvo en Hermanas, un amor compartidoha generado conversación, memes, debates y hasta análisis psicológicos en redes sociales.

Pero detrás de esa villana explosiva hay una actriz que se preparó a fondo para entenderla. Para Ambiance, Rossana nos cuenta cómo construyó a Lía, una mujer marcada por la pérdida, la inseguridad y una necesidad desesperada de ser amada. También nos habló sobre las escenas que la sacudieron emocionalmente y qué proyectos sueña con hacer en el futuro.

Rossana, nos sorprendiste a todos interpretando a Lía Montalvo en “Hermanas, un amor compartido”, una mujer que, en sus propias palabras, tuvo una pérdida muy fuerte que la marcó para siempre. ¿Cómo fue el proceso para construir este personaje desde su psicología y qué te atrapó de Lía para aceptar el papel?

El proceso fue increíble. Desde el momento uno en que me contaron más o menos de qué iba Lía, este personaje… la verdad es que me encantó.

Siempre, al hacer villanos, sabes que va a ser un viaje donde te vas a divertir, donde te van a permitir llegar a puntos que como protagonista no te los permiten, porque siempre los protagonistas son personajes virtuosos. Y al ser virtuosos, pues no puedes hacer tantas cosas porque puedes salir de lo que se ve que está bien o lo que puede ser correcto. Justamente una antagonista, una villana, puede hacer todo lo incorrecto que no podemos hacer en la vida, y desde ahí pues ya se vuelve divertido.

Un aspecto que ayudó muchísimo para poder entender a Lía, para no hacerla una mala solo por ser mala, fue conectar con el pasado, con la historia de Lía y poder entender desde dónde venía esta mujer tan caprichosa, inconsciente, egoísta. Trabajar sobre la pérdida de su mamá cuando era chiquita, que no la supo superar, no la llevaron a terapia y, tal vez, desde ese dolor se dedicó a querer que la quisieran, que no la abandonaran y que ella fuera el centro de atención.

Los resultados de esa historia de vida se ven en pantalla: Lía es una mujer con la que no es fácil llevar una relación, que evidentemente tanto su marido como las personas que están alrededor, hasta su mejor amiga, no la aguantan, porque pues vive así, en el egoísmo y en la inconsciencia absoluta. Pero, sin duda, es uno de los personajes que más he disfrutado en mi carrera.

Rossana Nájera AMBIANCE

Has mencionado en entrevistas que no hay villanos, que hay personas inconscientes, y bajo esa mirada, ¿cómo justificas a Lía en todas sus acciones, especialmente en el maltrato hacia su propia hija? ¿Crees que existe una línea muy delgada entre la maldad y la inconsciencia?

Sí, sí, 100%. Hay una línea muy delgada, que a veces las personas que no son conscientes de su entorno pueden hacer muchísimo daño, y esto se traduce en que creen que son personas malas.

En el caso de Lía, todos los actos que hizo son totalmente atroces en contra de su hija, como cortarle el pelo, como darle pastillas para dormir o para tranquilizarla, todas estas cosas, de verdad, reflejan a una niña con mucho dolor que ahora está atrapada en un cuerpo de mujer. Y esta mujer, desde que nació su hija, sintió que fue desplazada y que nadie la voltea a ver, que ya no es el centro de atención.

Pienso que Lía le tiene celos a Azul (Nathalie Beltrán), y al tenerle celos no es que la odie. Yo de verdad creo que Lía no odia a Azul, no odia a su hija; la ama desde su amor totalmente disfuncional.

Es una forma de ver las cosas un poco dura, especialmente si hablamos de una relación madre e hija. Como cuando le cortó el cabello, Lía pensó algo así como: “Pues sí, si tiene tantos nudos y está sufriendo porque le estoy cepillando, mejor le corto el pelo para que ya no sufra. Total, yo tengo el pelo chiquito, ella también lo puede tener chiquito y no pasa nada, después le crece”. Igual con las pastillas: “Yo tengo un día muy complicado, estoy harta, no tengo ganas de jugar con ella. Azul está muy inquieta, pues mejor le doy una pastilla para que se relaje y se duerma”.

Sé que suena a una persona que no está bien de sus facultades mentales, y yo sí creo que Lía, aparte de inconsciente, pues sí tiene ahí un temita mental que tendría que haber tratado al 100%.

Uno de los aspectos más comentados de la novela es la tensión de Lía con Nadia (Eugenia Cauduro) y Mónica (Adriana Louvier). ¿Cómo ha sido la dinámica de trabajo con Eugenia y con Adriana para construir esta rivalidad? ¿Hay alguna escena de confrontación que recuerdes con especial cariño o que te haya resultado particularmente desafiante?

La verdad es que me fue muy fácil trabajar tanto con Eugenia como con Adriana.
Con Adriana porque es una de mis mejores amigas, la conozco desde hace muchísimos años y me parece una gran actriz. Para mí fue un privilegio y un placer trabajar con ella.

Hay una escena que hice con Adriana, en el baño, donde nos encuentran, que estoy yo besándome con Silverio (Guillermo García Cantú), con mi suegro, y ella me dice que soy patética, que doy pena. Esa fue de las escenas que más me gustó con Adriana, porque creo que fue donde realmente Mónica puede desahogar todo el coraje que le tiene a Lía, y Lía por primera vez se queda girando en un tacón, no le gustó nada lo que le dijo. Esa escena la disfruté mucho.

Y con Eugenia no había tenido el placer de trabajar, y la verdad es que fue un gozo desde el día uno. Es una mujer tan amorosa, es tan buena actriz. Me encantaban todas esas escenas de nuera y suegra. Ella tenía que ser la mujer prudente, la abuela amorosa de Azul.

Disfruté muchísimo y agradecí cada escena que tuve con ellas dos. Ojalá que nos toque hacer proyectos juntas otra vez.

Hablando de actores jóvenes, ha sido muy público que las escenas más difíciles para ti fueron aquellas de Lía con Azul, interpretada por Nathalie Beltrán. Confesaste que corrías a abrazarla y a pedirle perdón en cuanto decían “corte”. ¿Cómo se vive esa dicotomía emocional entre la ficción y la realidad? ¿Qué aprendiste de la madurez profesional de Nathalie?

Nathalie es una niña y una actriz de aplauso de pie. Tiene una madurez emocional que asombra siendo una niña. Es impresionante cómo interpreta, cómo entiende, cómo capta todo lo que está pasando en el set, todo lo que está pasando en sus compañeros a nivel emocional. A mí, la verdad, es que hubo muchas cosas de Nathalie que me impresionaron.

Es cierto que en las primeras escenas le pedía perdón y la abrazaba, porque la veía muy chiquita y me daba miedo. Yo no quería que ella fuera a confundir que Rossana era lo mismo que Lía, y no quería que se sintiera herida ni dolida por cómo Lía le hablaba.

A las poquitas escenas, a las pocas semanas, me di cuenta de que Nathalie lo tenía muy claro, que sabía perfectamente diferenciar la realidad de la ficción, y que de hecho hasta le divertía esta dureza de Lía y cómo le hablaba. Ella supo divertirse, y creo que me enseñó muchísimo. Y justo tengo que aprender eso: el poder separar lo que pasa en el set de lo que somos como seres humanos, los actores y actrices.

Gocé muchísimo trabajando con Nathalie, me enseñó tanto. Es una súper actriz, y qué bonito que pueda ser su mamá… Aunque me tocó ser la mamá loca, pero qué bonito.

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Al otro lado del conflicto tenemos a Alonso, el esposo de Lía, interpretado por Osvaldo Benavides, quien encuentra consuelo en Mónica. ¿Cómo describirías la relación entre Lía y Alonso? ¿Es amor, obsesión o simplemente la necesidad de controlar lo que ella considera suyo?

Es un poco de todo, una combinación de muchas circunstancias. Lía ama a Alonso, llevan muchos años juntos y, finalmente, es el padre de su hija. Sin embargo, en Lía existe una necesidad de controlar: ella quiere controlar todo. Uno de los rasgos más agudos de Lía es que es una niña caprichosa, es una mujer 100% caprichosa que quiere controlar todo lo que está a su alrededor. Y justamente por eso le tiene tanto coraje a veces a Azul, porque se dio cuenta de que todo lo que Alonso volteaba a ver de Lía, y todo lo que sentía por Lía, dejó de precibirlo en el momento en que Azul llegó. Y, peor aún, empezó a ver que era una mala madre.

Así que Lía se obsesiona al 100% con Alonso, al punto de volverse totalmente loca cuando Mónica entra en esta historia, cuando ya existe un triángulo, una persona más que le quita la atención de Alonso.

Has dicho que disfrutas mucho interpretar a los personajes antagónicos y que les entregas tus frustraciones para crearlos. ¿Hay algo de catarsis en interpretar a alguien tan políticamente incorrecto como Lía? ¿Crees que el público ha evolucionado en su forma de consumir a los villanos y ahora buscan entender sus motivaciones en lugar de simplemente odiarlos?

100% sí. El público hoy en día juzga menos y le busca un poco más a la historia. Y nos ponemos a preguntar qué tuvo que haber vivido esa persona para ser tan mala, o qué tuvo que haber pasado para poder odiar tanto o para hacer cosas tan feas.

 

En este sentido, hubo una catarsis en mi interpretación de Lía. En ocasiones me encantaría poder ser un poco más como ella y que me importe menos el “qué dirán”, no por hacer cosas malas como ella; pero me gustaría ser más libre de poder hacer las cosas sin que pese tanto el “qué dirán”. Eso sin tengo que aprendérselo a Lía.

En lo que respecta a la segunda pregunta, hoy en día, los seres humanos vemos la luz, pero también las sombras; somos capaces de justificar un poco más ciertas actitudes. Y también entendemos en los mismos protagonistas que, así como tienen mucha luz, también tienen partes de sombra. Es decir, se está permitiendo también que los protagonistas tengan algunas cositas que no sean tan perfectas.

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Tu carrera es un ejemplo de versatilidad. Te vimos en telenovelas como Amor en custodia, luego como conductora en Cámbiame y más recientemente en MasterChef Celebrity. ¿De qué manera crees que esta faceta tuya más real y vulnerable ha influido en tu regreso a la ficción? ¿Te ayudó a conectar con Lía desde una nueva perspectiva?

No sé, no sé si MasterChef me haya ayudado con Lía. Lo que sí creo es que MasterChef me ayudó a mí personalmente, porque conecté con emociones que no conocía: de miedo, de frustración, hasta un poco como de pánico.

MasterChef fue un proyecto increíble del cual voy a estar agradecida toda la vida, y el haberlo ganado es un apapacho al alma. Pero también es cierto que fue un proyecto donde me llevó al límite, donde, como te digo, conocí emociones y sentimientos que nunca había experimentado.

Todas esas emociones, todas esas experiencias, como actriz, siempre van a sumar, porque tienes un rango a donde llegar cuando te sientes frustrada en una escena, que tal vez si yo no hubiera estado en MasterChef no conocería, no sabría cómo llegar ahí. Entonces sí, sí creo que me ayudó con Lía y con todos los personajes que vengan en un futuro.

Más allá de Lía, ¿hay algún proyecto en el horizonte o algún género que te gustaría explorar que aún no hayas tenido la oportunidad de hacer? ¿Te ves en un futuro produciendo más proyectos, como ya lo has hecho en el pasado?

Hay algo que siempre he querido hacer desde que empecé esta carrera, y es una producción de época. Tengo muchísimas ganas de trabajar en alguna película, en alguna serie, en algún proyecto que tenga que ver con una época distinta, porque creo que, como actriz, independientemente de que visualmente me parece precioso, te tienes que aventar un clavado a explorar lo que pasaba y cómo vivían en ese momento las personas, además de cómo se expresaban e incluso cómo se movían.

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Este tipo de producciones son de un trabajo súper profundo; pero también debe ser increíble. Ojalá que algún día pueda interpretar algo de época. Me gustaría muchísimo.

Y en cuanto a si me veo produciendo, como ya lo he hecho… Sí, alguna vez le entré a eso en teatro, ya tiene muchos años, y me encantaría volver a hacerlo. Aquella vez no estuve como actriz; pero ahora sí busco producir algo para mí, para poder seguir cumpliendo sueños en esta profesión.

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Para conocer más de Rossana

¿Qué fue lo primero que cocinaste después de ganar MasterChef Celebrity y para quién fue?

Una pasta para unos amigos aquí en la casa. Y fue una pasta con la que gané el mandil para subir al balcón. Esa receta me la enseño mi amiga Ana Julia, y que hasta el día de hoy es de mis platillos favoritos para cocinar y recibir visitas.

¿Qué serie o películas has visto recientemente y no has podido dejar de recomendar?

Envidiosa, la serie argentina, es de las que más he disfrutado, me hacen reír tanto. Creo que es un 10 de 10, y no tiene mucho que salió la nueva temporada. También estoy viendo La casa de los espíritus, y bravo, aplauso de pie a Fernanda Castillo y a todo ese equipo. El personaje de Férula es brutal. Todavía no la acabo, y ahí estoy, muy picada. Esas dos se las puedo recomendar mucho.

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Si pudieras tener una cena con cualquier persona viva o fallecida, ¿quién sería?

No es persona; sería con Mía, mi perrita. Eso es lo único que quisiera, poder sentarme a cenar sola con ella. No, ya voy a contestar más en serio, así que me gustaría volver a compartir con las personas que se han ido, que se han adelantado: mis abuelos, Marisol, que fue como mi hermana. En fin, sería con la gente que amo y que ya no está aquí conmigo. Me encantaría poder cenar, tener un día más con ellos.

¿Cuál era esa canción en tu playlist para entrar en el mood de Lía antes de una escena?

En sí, no tengo una específica para Lía, pero sí conecto al 100% con “Almas”, el tema de Carlos Rivera para la novela y, además, amo sus canciones y lo amo a él. Este proyecto, Hermanas, lo hice escuchando mucho a Karim León, porque me encanta, y lo seguiría escuchando; aunque me toque interpretar después a alguien con características diferentes a Lía.

¿Qué consejo le darías a Rossana de 20 años, que recién comenzaba su carrera?
Que confíe, porque lo que viene va a ser hermoso, un regalo de la vida. También le diría que a veces se va a sentir rudísimo, que a veces se va a poner difícil; pero que no claudique, porque viene lo mejor y se va a poner increíble el camino.

 

Sigue a Rossana en Instagram: @rossananf

 

Créditos

Fotografías: @pablosolanophoto

PR: @pureandb @pp_ayala

Entrevista: @bavidbavid