Diego Amozurrutia se sumerge en la piel de Max para Doménica Montero, un personaje definido por la obsesión y una decisión que lo marcará como villano. Pero el actor detrás del rol es todo lo contrario: un profesional agradecido por su diversa trayectoria, apasionado por la música y consciente de la importancia de desconectar. Hablamos con él sobre el proceso creativo, los desafíos en el set, y esos pequeños placeres que lo definen fuera de las cámaras.

Diego, tu personaje, Max, es el detonante de toda la trama en Doménica Montero al abandonar a la protagonista en el altar. Más allá del guion, ¿cómo te acercaste psicológica y emocionalmente a un acto que define a tu personaje como “el villano” de la historia? ¿Buscaste justificaciones humanas para él?
Lo abordamos desde la obsesión. Junto con los directores, trabajamos el arco dramático y la psicología de Max, enfocándonos en lo que la obsesión ocasiona en la mente humana. Él es un personaje que primero quiere usar a Doménica, pero después se termina enamorando; había que encontrar esas justificaciones humanas.

Esta es una historia con un legado enorme (La Doña, 1978). ¿Te sumergiste en las versiones anteriores o preferiste abordar a Max desde cero, con una visión contemporánea? Y, hablando de contemporaneidad, la química con Angelique Boyer (Doménica) es crucial. ¿Cómo trabajaron juntos para construir esa relación tan intensa y dramática?
Lo abordé de manera contemporánea, desde cero. Con Angelique, la química fue genial; ella es muy profesional y disciplinada. Para construir la relación, tuvimos lecturas previas con los directores, donde trabajamos la dinámica entre los personajes.

Diego Amozurrutia

Max no es un personaje estático. Sin entrar en spoilers, ¿cuál fue el mayor desafío actoral que te presentó este rol? ¿Hubo alguna escena en particular que te haya exigido más de lo que imaginabas, ya sea física o emocionalmente?
Emocionalmente hubo varias escenas muy exigentes. Pero un reto físico, y a la vez divertido, fue grabar con un toro de 600 kg. Lo divertido se acabó cuando el toro se escapó y tuvimos que salvaguardar a toda la producción.

En redes sociales, tu imagen es cercana y alegre, muy distinta a la de Max. ¿Cómo te “desconectas” de un personaje con tanta carga dramática al final del día? ¿Te llevas algo de él a casa, o logras dejarlo todo en el set?
Lo dejo todo en el set. Para mí es fundamental cuidar mucho mi espacio personal y a mi familia; esa es mi prioridad.

Tu carrera ha sido un viaje interesante: desde Gossip Girl: Acapulco hasta la oscura Cuna de Lobos y la comedia Cindy La Regia. ¿Cómo ves ese camino de diversidad? ¿Hay algún proyecto que consideres un punto de inflexión en tu madurez como actor, que marcó un antes y después?
Me siento muy afortunado por la diversidad de proyectos, muy feliz y agradecido. La experiencia se ha convertido en un aliado para disfrutar más de mi pasión, que es la actuación y la música.

Escuchamos tu canción “Besar tu boca”. La música es otra faceta expresiva tuya. ¿Cómo dialogan el actor y el cantante en ti? ¿La música te sirve como un canal para emociones o historias que la actuación no captura del todo?
¡Totalmente! Es un privilegio poder navegar los dos mares; ambos me apasionan y los disfruto muchísimo.

Vienes de la escuela del CEA de Televisa, una fábrica de estrellas. Hoy, las plataformas como ViX han cambiado las reglas. ¿Cómo ha evolucionado, desde tu perspectiva, la forma de hacer y consumir telenovelas? ¿Qué se gana y qué se pierde?
Creo que más que verlo como una ganancia o una pérdida, se trata de tiempos distintos. El cambio es la única constante y nos toca aceptarlo.

De tus inicios, en el CEA o en tus primeras grabaciones, ¿hay alguna anécdota “de supervivencia” o de aprendizaje brusco que, mirando atrás, te haga reír o que fue fundamental para el profesional que eres hoy?
He tenido muchas anécdotas, muchas producciones y muchos maestros. Una clave fue una clase con mi maestra Sandra S., donde solo con tocar mi pecho me hizo liberar un cúmulo de emociones. Esas emociones son nuestras herramientas principales, por eso es tan importante conocerse a uno mismo.

Fuera de los sets y los estudios de grabación, ¿dónde y cómo se recarga Diego Amozurrutia? ¿Hay algún hobby, lugar o rutina que sea tu santuario personal, lejos de los reflectores?
Me recargo en el mar, el surf, la naturaleza, la montaña y la pesca. Esos son mis espacios.

Con Doménica Montero por estrenarse, ¿qué es lo que más deseas que el público sienta o se lleve de esta historia? Y, mirando hacia adelante, ¿hay algún género, personaje o proyecto (incluso musical) con el que sueñes y aún no te hayas atrevido a explorar?
Sueño con trabajar con un director como Guillermo del Toro. Y, por otro lado, ahora mismo estoy trabajando en un guion para una serie, lo cual es un proyecto muy emocionante.

Diego Amozurrutia

Para conocer más de Diego

¿Qué te define más: actor que canta o cantante que actúa?
Soy cantante, actor, productor, escritor y algunas otras cosas, jaja.

¿Cuál es tu guilty pleasure televisivo o musical que nadie esperaría de ti?
Una buena comedia de Adam Sandler.

Si pudieras robarle un atributo actoral a cualquier compañero/a de reparto a lo largo de tu carrera, ¿a quién y qué sería?
A Arcelia Ramírez, su manera tan bella de disfrutar el trabajo creativo del actor y la actriz en la escena.

Un día de rodaje intenso puede ser agotador. ¿Tu snack o bebida infalible para recuperar energía?
Agua de coco, y coco con limón y chile.

Completa la frase: “Lo más parecido a la magia que he vivido en un set fue…”
Hacer magia de verdad. Aprendí un par de trucos y los realicé para unos niños en la escena; ¡uno salió bien y los niños se emocionaron mucho!

 

Sigue a Diego en Instagram: @diego_amoz

 

Créditos

Fotografía: @eduardoraos

Jacket: @LM_lucio_moreno

Stylist: @manueldelgado.moda

PR: @jandf_pr

Entrevista: @bavidbavid