Hay sueños que se quedan en la noche y otros que se convierten en películas. Para Arístides Mantilla, un sueño de infancia se transformó en “En la quietud de la noche”, un cortometraje que ha emocionado a audiencias de todo el mundo y le ha valido el reconocimiento del Directors Guild of America.

En esta charla, Mantilla nos abre las puertas de su proceso creativo, nos habla del poder de las tradiciones y nos recuerda que, al final, las emociones siempre hablan un idioma universal.

Con “En la quietud de la noche”fuiste seleccionado como uno de los tres ganadores del programa de nuevos talentos de la DGA, un logro que muy pocos directores mexicanos han obtenido. ¿Qué significó para ti recibir este reconocimiento en Los Ángeles y cómo ha impactado tu visión como cineasta?

Recibir este reconocimiento en Los Ángeles fue un momento muy especial. No solo por el premio en sí, sino por lo que representa: estar en el Directors Guild of America, en el corazón de Hollywood, compartiendo una historia mexicana frente a la industria estadounidense. “En la quietud de la noche” nace de una tradición muy nuestra, el Día de Muertos, pero habla de temas universales como la familia, la ausencia, el perdón y el legado. Ver que una historia tan íntima y tan mexicana pudo conectar en ese escenario me confirmó algo muy importante: no tenemos que alejarnos de nuestras raíces para llegar más lejos.

Este reconocimiento me dio mucha motivación, pero también un sentido de responsabilidad. Me recordó que cada proyecto es una oportunidad para representar de dónde vengo, para abrir camino y para seguir construyendo una carrera con historias honestas, ambiciosas y capaces de cruzar fronteras sin perder su esencia.

Has mencionado que la historia del cortometraje nació de un sueño de tu infancia en el que conocías a tu abuelo. ¿Cómo fue transformar un recuerdo tan íntimo en una narrativa cinematográfica universal?

Todo comenzó con un sueño que tuve cuando era niño. Nunca conocí a mi abuelo, pero en ese sueño lo pude ver de frente; sin embargo, me ganó la emoción y las lágrimas en mi rostro me despertaron, y esa sensación se quedó conmigo durante muchos años. Con el tiempo entendí que este cortometraje no trataba realmente sobre mi abuelo, sino sobre algo con lo que todos podemos identificarnos: el deseo de volver a ver a alguien que ya no está, aunque sea por un instante.

El reto fue tomar una experiencia tan íntima y encontrar aquello que era universal. Ahí fue donde el cine hizo su trabajo. El Día de Muertos le dio una identidad profundamente mexicana a la historia, pero las emociones que viven los personajes, como el amor por la familia, la ausencia y el perdón, no pertenecen a un solo país; son emociones humanas.

“A veces lo más personal suele ser lo más universal”, como lo dijo Alfonso Cuarón alguna vez refiriéndose a su película “Roma”. Creo que esa es la magia del cine: mientras más personal y honesta es una historia, más posibilidades tiene de conectar con personas de cualquier parte del mundo. Eso fue justamente lo que ocurrió con “En la quietud de la noche”.

Tu obra ha sido reconocida por mantener una identidad profundamente mexicana sin adaptarse a estándares externos. ¿Cómo encuentras el equilibrio entre contar historias locales y conectar con audiencias internacionales?

Creo que muchas veces pensamos que, para conectar con una audiencia internacional, hay que hacer las historias menos locales. Yo pienso exactamente lo contrario. Mientras más auténtica es una historia, más posibilidades tiene de conectar con personas de cualquier parte del mundo.

Con En la quietud de la noche nunca buscamos adaptar nuestra cultura a estándares externos. El Día de Muertos está presente porque forma parte de nuestra identidad, no porque fuera un elemento “exportable”.

EN LA QUIETUD DE LA NOCHE

Como dije anteriormente, lo que realmente conecta con la audiencia no es la tradición en sí, sino las emociones que la acompañan: el amor por la familia, la ausencia, el perdón y el deseo de volver a ver a quienes ya no están. Esa también es la filosofía con la que estoy desarrollando mis próximos proyectos. Algunos nacen en México, otros podrían ocurrir en cualquier parte del mundo y pertenecen a géneros muy distintos, pero todos parten del mismo principio: mantener las emociones humanas presentes. Creo que cuando una historia está bien contada, la geografía deja de ser una barrera y se convierte en una fortaleza.

El guion de “En la quietud de la noche”fluyó rápidamente y siguió evolucionando incluso durante el rodaje. ¿Cómo describirías tu proceso creativo y qué elementos consideras esenciales para mantener viva la autenticidad de una historia?

Para mí, una historia nunca deja de evolucionar. El guion siempre es el punto de partida, pero cuando llegas al set aparecen nuevas ideas; los actores aportan propuestas, matices e improvisan; la locación te inspira y descubres oportunidades que no existían sobre el papel. Siempre que esos cambios hagan más fuerte la historia, estoy abierto a ellos.

Mi proceso creativo es muy variado y no hay uno solo; dependiendo del proyecto, a veces comienza con una emoción, un recuerdo, un chiste, un sueño, una canción, un personaje, un lugar o algo que vi en la calle en la vida cotidiana. Después construyo la narrativa alrededor de esa idea, procurando que cada decisión tenga un propósito. Intento escuchar mucho a mi equipo porque creo que el cine es un trabajo profundamente colaborativo, pero al mismo tiempo procuro no perder de vista la esencia de la historia. Para mí, la autenticidad se mantiene cuando nunca dejas de preguntarte por qué estás contando esa historia. Mientras esa respuesta siga haciéndote sentido, todo lo demás, los cambios, las decisiones creativas o incluso la improvisación, siempre sumará, en lugar de alejarte de ella.

Trabajaste con figuras como Yalitza Aparicio, Jesús Ochoa, Leonardo Nájar y Memo Villegas. ¿Qué buscabas en cada uno de ellos y cómo influyeron sus interpretaciones en el resultado final del cortometraje?

Cada uno de ellos llegó al proyecto por una razón muy específica. Desde hace tiempo quería trabajar con Yalitza Aparicio. Siempre he admirado el respeto y el compromiso que tiene con las culturas y tradiciones de México, y sabía que una historia inspirada en el Día de Muertos conectaba de manera muy genuina con esa parte de ella. Esa autenticidad se refleja en la pantalla.

En la quietud de la noche

Para el personaje de Rubén, que está inspirado en mi abuelo, buscábamos a alguien que, incluso físicamente, tuviera cierta similitud con él. Lo comenté con mi familia y todos coincidimos en que Jesús Ochoa era la opción más correcta. Pero, además de ese parecido, Jesús tiene una presencia que comunica muchísimo, incluso en los silencios. Recuerdo que el primer día de rodaje me pidió permiso para improvisar en algunas escenas. Le dije que sí, sin pensarlo. Es un maestro de la improvisación y terminó construyendo al personaje, uniendo toda la información que le compartimos sobre mi abuelo. Hubo momentos en los que realmente sentía que lo estaba viendo a él.

Con Leonardo Nájar fue algo muy especial. Él interpreta a Jesús, una versión ficticia de mi infancia, y desde el casting sentí que había encontrado al niño correcto. No solo por el parecido físico o por su nivel actoral, sino porque, conforme fuimos trabajando en set, descubrimos muchas similitudes en nuestra forma de ser. Eso hizo que el personaje se sintiera todavía más honesto, y le tengo un cariño muy especial.

Y con Memo Villegas me parecía una elección muy interesante porque sabía que podía mostrar una faceta dramática con una gran profundidad, y ocurrió algo muy bonito. Fue un gran generador de vínculos dentro del elenco; fue “masajeando” las escenas, fortaleciendo la convivencia entre los personajes y ayudando a que las relaciones se sintieran naturales. Al final, no parecía que estábamos viendo actores interpretando a una familia; realmente se sentían como una familia.

Creo que eso fue lo que hizo especial a este elenco. No solo reunimos grandes actores, sino personas que entendieron el corazón de la historia y la hicieron suya. Como director, ese es uno de los mayores regalos que puede recibir un proyecto.

El cortometraje aborda la memoria, la familia y el deseo de reencontrarse con quienes ya no están. ¿Por qué crees que estos temas conectan tan profundamente con el público, sin importar su cultura o país?

Creo que, porque al final del día, todos hemos amado a alguien, todos hemos perdido a alguien, y todos hemos deseado tener una oportunidad más para decir algo que quedó pendiente. Esas emociones no entienden de idiomas, fronteras o culturas. En En la quietud de la noche, el Día de Muertos es el contexto que le da identidad a la historia, pero nunca fue el objetivo principal. El verdadero corazón de la película es el amor por la familia, el legado que dejan quienes ya no están y esa pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez: “¿Qué le diría si pudiera verlo una vez más?”.

En la quietud de la noche

Creo que ahí es donde el cine encuentra su fuerza. Mientras más específica y auténtica es una historia, más fácil es que alguien, en cualquier parte del mundo, encuentre una emoción con la que pueda identificarse. Eso fue algo muy especial que vivimos durante el recorrido del cortometraje: personas de culturas muy distintas se acercaban para contarnos que la historia les había recordado a un abuelo, a un padre, a una madre o a alguien que extrañaban. En ese momento entendí que las emociones siempre hablan un idioma universal.

La historia se desarrolla durante el Día de Muertos, una tradición que has descrito como parte esencial de tu identidad. ¿Qué papel juegan las tradiciones en tu cine y cómo decides integrarlas en tus proyectos?

Las tradiciones son una parte muy importante de mi identidad y, por consecuencia, también de mi manera de contar historias. En En la quietud de la noche, el Día de Muertos era el escenario perfecto para hablar del duelo, la memoria y el deseo de reencontrarnos con quienes ya no están. No podía existir en otro contexto.

En la quietud de la noche

Al mismo tiempo, no creo que todas mis películas deban girar alrededor de tradiciones mexicanas. Estoy desarrollando proyectos de distintos géneros, algunos completamente diferentes entre sí, pero todos comparten algo: nacen desde mi perspectiva y desde la cultura con la que crecí. Creo que las raíces no limitan la creatividad; al contrario, le dan identidad. Y mientras esa identidad sea honesta, las historias siempre tendrán la capacidad de conectar con cualquier audiencia.

Se habla de una nueva generación de cineastas mexicanos que están construyendo puentes con Hollywood. ¿Cómo visualizas tu papel dentro de este movimiento y qué oportunidades ves para el talento emergente?

Me siento muy agradecido de formar parte de una generación de cineastas mexicanos que está demostrando que nuestras historias pueden viajar y conectar con el mundo. Si puedo aportar algo a ese movimiento, me gustaría que fuera a través del trabajo: haciendo películas que abran nuevas puertas y demuestren que el talento mexicano puede competir al más alto nivel sin perder su identidad.

Actualmente estoy desarrollando proyectos de distintos géneros junto con mi equipo, y mi objetivo es seguir construyendo alianzas con productores, estudios, inversionistas y socios estratégicos tanto en México como en Estados Unidos. Creo que el futuro está en la colaboración y en crear puentes que permitan que más historias lleguen a realizarse.

También veo una gran oportunidad para el talento emergente. En México hay una nueva generación de directores, guionistas y productores con ideas frescas, una gran preparación y muchísimo talento. Lo que muchas veces hace falta no es creatividad, sino confianza y oportunidades. Espero que la industria siga apostando por nuevas voces, porque estoy convencido de que las próximas grandes historias ya se están escribiendo.

Desde tu formación en la New York Film Academy hasta tu presencia en festivales como el FICM, ¿cómo sientes que ha evolucionado tu mirada como director?

Mi paso por la New York Film Academy me dio la oportunidad de irme a vivir a Los Ángeles gracias a una beca de talento. Creo que mi mayor evolución ha ocurrido fuera del salón de clases: filmando, equivocándome, conociendo personas y compartiendo mis historias con audiencias de distintos países. Festivales como Morelia me han enseñado que una película realmente cobra vida cuando se encuentra con el público y descubres cómo cada persona la interpreta desde su propia experiencia. Sigo aprendiendo todos los días, pero si algo ha cambiado es que mi confianza es enorme y cada vez confío más en mi intuición y en la importancia de encontrar a las personas correctas.

Después del éxito de “En la quietud de la noche”, ¿qué tipo de historias te interesa explorar en tus próximos proyectos y hacia dónde te gustaría dirigir tu carrera?

Antes que cualquier otra cosa, me considero un contador de historias. Me apasionan las buenas historias, sin importar el género al que pertenezcan. No me gustaría encasillarme en un solo género, porque creo que primero nace la historia y, después, descubres cuál es el mejor género para contarla. Algunas encuentran su lugar en el drama, otras en el thriller, la acción, el terror o incluso la comedia.

Actualmente estamos desarrollando varios proyectos junto con mi equipo; algunos ya están listos para dar el siguiente paso. Ahora el objetivo es encontrar a los aliados correctos: productores, estudios, inversionistas y socios estratégicos que compartan esa visión y quieran construir historias con ambición internacional.

A largo plazo, me gustaría desarrollar una carrera tanto en México como en Estados Unidos, colaborando con grandes estudios, pero sin perder nunca mi identidad como cineasta. Quiero seguir contando historias que emocionen, que crucen fronteras y que, al mismo tiempo, representen el talento y la creatividad que existe en nuestro país.

Para conocer más de Arístides

¿Cómo invitarías a la gente a consumir cine hecho en México y/o por mexicanos?

Los invitaría a darle una oportunidad real al cine hecho en México y por mexicanos. No verlo solo como “cine nacional”, sino como cine con grandes historias, talento y una mirada propia. Se piensa que en México solo se hace cierto tipo de películas, pero las hay de todos los géneros. Y mientras más las vemos, las apoyamos, alteramos el algoritmo y la demanda, y abrimos puertas para que nuevas voces puedan seguir creando. Mi invitación sería simple: consulten la cartelera, los festivales de cine y vean cine mexicano; recomiéndenlo, compártanlo y permítanse descubrir la enorme calidad de historias que se están contando desde nuestro país.

¿Qué otras directoras y directores mexicanos debemos seguir?

México tiene una generación extraordinaria de cineastas. Siempre vale la pena seguir el trabajo de directores como Guillermo del Toro, Michel Franco, Lila Avilés, Alfonso Cuarón, Alejandra Márquez Abella o Pierre Saint-Martin, quienes han construido voces muy distintas entre sí.

¿Qué película puedes ver una y otra vez sin cansarte?

En el top de mis películas favoritas, el primer lugar es un puesto compartido por dos películas que pueden contrastar una con la otra: Scarface (1983) y Buscando a Nemo (2003).

¿Cuáles son tus estrategias para romper bloqueos creativos y también para enfrentarte a la hoja en blanco?

Cuando empiezo un proyecto, suelo escuchar música que suene a esa historia o hago una playlist que represente el tono. La música me ayuda muchísimo a entrar en el mundo de los personajes al escribir escenas.

También veo películas con temáticas o géneros similares, escucho podcasts relacionados con el tema que estoy explorando y trato de nutrirme de distintas referencias. No para imitarlas, sino para entender mejor ese universo y despertar nuevas ideas.

Y algo que me funciona muy bien es trabajar en varios proyectos al mismo tiempo. Si me bloqueo con uno, no me quedo peleando con la hoja en blanco; cambio de historia, avanzo y escribo en otra, y muchas veces eso me desbloquea de otras más. Así, cuando regreso al proyecto original, la solución aparece de forma mucho más natural.

Al final, creo que la creatividad también se entrena. Mientras más alimentas tu imaginación con música, conversaciones, películas, libros o experiencias, más herramientas tienes para contar una buena historia.

En relación a la pregunta anterior, ¿tienes algún ritual creativo antes de escribir o dirigir?

No tal cual, pero la música siempre me ha acompañado cuando la historia es muy ruidosa…

¿Qué director o directora ha marcado más tu forma de contar historias?

Martin Scorsese y Quentin Tarantino fueron mis principales inspiraciones. Ahora he explorado muchos más géneros, pero ellos marcaron mis inicios.

Si no te dedicaras al cine, ¿qué otra profesión te gustaría explorar?

Es una pregunta difícil porque, desde muy pequeño, siempre he procurado contar historias a través de alguna forma de arte, como dibujar historietas en primaria (storyboards); después me fascinó la pintura, etcétera. Pero si no fuera director, seguramente seguiría buscando una forma de contar historias. Aunque también me gusta la biología marina y la aviación, y hoy en día lo practico como hobby.

Sigue a Arístides Mantilla en Instagram: @aristides_ma

Créditos

PR: Armando Bocanegra Jiménez (@_boknegra)

Entrevista: David Patiño Torres (@bavidbavid)

@cinemar.films