Con El otro padre en el #1 global de Netflix, Pamela Moreno se posiciona como una de las nuevas caras más relevantes de la actuación mexicana. En esta conversación, la actriz reflexiona sobre su proceso creativo, la química con el elenco, la importancia de la representación y las puertas que este proyecto ha abierto en su carrera.
Pamela, tenemos el dato de que originalmente hiciste casting para el personaje de María, pero terminaste dando vida a Victoria en El otro padre. ¿Cómo fue ese giro y qué fue lo que te hizo conectar con tu personaje?
Pasa bastante en este medio que te llamen para algún personaje y, al ver el casting, encuentren en ti algún destello que les hace más sentido para otro. Lo que he aprendido es a hacer mi propuesta en el casting muy diferente a lo que creo que los directores quieren ver, porque al final cada quien reacciona distinto a la vida.
Cuando me llega el casting de María, decía que era una chava medio creída, bastante mala onda, y de inmediato pensé en lo insegura que debía ser. Por eso decidí jugarla muy humana y contradictoria. Creo que justo ahí vieron a Victoria, lo cual me encanta. Vic es contradictoria —como cualquiera de nosotros— pero también sabe muy bien dónde está parada y qué es lo que le importa.
Los dos personajes son preciosos y yo hubiera sido feliz interpretando a cualquiera, pero me da muchísimo gusto que haya sido Victoria porque la quiero muchísimo.
Has descrito a Victoria como una chava con un “muy fuerte sentido de justicia, leal y apasionada”, que tiene “mucha pelea dentro”. También mencionaste que es como “la oveja negra de la familia” y que te identificaste con esa necesidad de cuestionar las ideas establecidas. ¿Qué fue lo más difícil de interpretar a una personaje tan parecida a ti, y cómo lograste trazar la línea entre Pamela y Victoria?
Me imagino perfecto que, si yo hubiera sido menos insegura y hubiera tenido el valor de seguir mi intuición y mi alma desde chiquita, hubiera sido como Victoria. Fue hermoso poder aportarle de mi cosecha y aprenderle tanto.
Lo más importante para mí fue sentir la edad, porque sí le llevo un par de años. A partir de ahí dejé que los impulsos adolescentes llegaran. Por ejemplo, Pamela hoy ya no hace los “berrinches” que hace Vic —que en realidad no son berrinches, sino ella intentando que la entiendan—, pero como todavía no tiene la capacidad o la inteligencia emocional desarrollada, se frustra muchísimo y todo le sale por el cuerpo.
Desde ahí marqué la diferencia entre Victoria y yo: el cuerpo, las reacciones de vida o muerte, cómo se siente todo en la pubertad. Esa intensidad fue mi guía para separarnos.
En “El otro padre” compartes set con figuras como Silvia Navarro, Paola Núñez, Erik Hayser y Manolo Cardona. ¿Qué aprendizaje te llevas de haber trabajado junto a estas figuras de la industria?
Híjole… más bien, ¡qué no aprendí! Para mí fue un honor haber compartido el set con ellos; de verdad son titanes. Yo llegué bastante insegura y miedosa a El otro padre por circunstancias que venía cargando de otro proyecto. Las primeras dos semanas llegaba a mi casa a llorar porque no sabía si lo estaba haciendo bien y me sentía muy frustrada.
En esta industria casi nunca te dicen cuando lo estás haciendo bien; cuando una toma sale bien, simplemente se pasa a la siguiente. Pero cuando algo está mal, ahí sí hay muchísimo énfasis y muchísima presión. Entonces, como yo no entendía qué estaba pasando, sentía que estaba haciendo todo mal… y en realidad lo que faltaba era ese apoyo externo que te confirme que vas por buen camino.
Tanto Paola como Silvia fueron mis rocas absolutas. Me recargué muchísimo en ellas y les conté lo que sentía, lo que me había pasado antes, porque sabía que con toda su trayectoria podrían darme alguna dirección o decirme si veían algo que yo pudiera ajustar.
Y pasó lo contrario: me explicaron justo esto que te digo, y ese alentamiento externo que yo necesitaba me lo dieron ellas. No tengo con qué pagarles lo que significó para mí. Salí de El otro padre con una confianza en mí misma que no pensé que podría recuperar tan rápido.
Has dicho que Azul Guaita (Julieta) “se convirtió en mi hermana, más allá de la historia, es lo máximo”. ¿Cómo construyeron esa química tan especial y qué significa para ti haber encontrado una conexión así en el set?
Está cañón porque no siento que la hayamos construido conscientemente. De mi lado, siento que vimos mucho de una dentro de la otra. Yo veo cosas en Azul que admiro muchísimo y que me encantaría aprender, y dentro de eso —y de nuestras experiencias compartidas— nos dimos cuenta de que somos muy similares en mil cosas.
Podemos juntarnos a hacer nada, literal, y solo estar en la presencia de la otra, sentir el cariño y el apoyo sin decir una sola palabra. Creo que es alguien que conocía en otra vida, y que nuestras almas estaban destinadas a conectarse.
“El otro padre” es una historia sin villanos, por así decirlo, y la serie toca temas como la identidad, el perdón, la culpa y el significado de la paternidad. ¿Cómo crees que esta narrativa conecta con el público y explica por qué la serie se ha vuelto un fenómeno global?
Todos hemos sido el villano en la historia de alguien más. Al final, cuando actuamos, lo hacemos desde lo que creemos que es mejor para nosotros y para los nuestros, y no siempre pensamos en cómo puede afectar a terceros. Son decisiones que tomamos desde la vulnerabilidad, cuestionándonos todo, y muchas veces terminamos lastimando a alguien sin querer.
Creo que conecta tanto porque es una historia muy humana. Igual y nosotros no hemos tenido que donar un riñón, pero sí hemos estado en una bifurcación donde tenemos que tomar una decisión que cambia el rumbo de nuestras vidas y de quienes nos rodean.
También es una historia sobre el ser humano en su momento más puro: cuando estamos en situaciones tan complicadas que sale lo que verdaderamente traemos adentro. Y es chistoso cómo, cuando tienes un problema, de la nada se te juntan todos y terminas con una bola de nieve gigante de cosas por resolver.
La serie nos hace sentir identificados con esos sentimientos que batallan dentro de nosotros y con los dilemas morales tan complejos que presenta. Por eso creo que se volvió un fenómeno global.
“El otro padre” se estrenó el pasado 22 de julio y rápidamente se posicionó como el contenido #1 a nivel global en Netflix. Como actriz mexicana, ¿qué significa para ti ser parte de una producción que está conquistando audiencias internacionales?
Para empezar, es un sueño. Tanto para mí, Pamela, en lo personal —porque es algo por lo que he trabajado toda mi vida— como para mí en lo profesional y como mexicana. Estamos haciendo que México se vea como un lugar que sabe producir historias importantes, historias que conectan con el resto del mundo. Me ha escrito gente hasta de Pakistán, imagínate.
Me da muchísimo gusto que México esté en el mapa y que el resto del mundo pueda ver las historias que construimos con tanto corazón. Al final, podemos estar aquí en México, en Portugal, en Asia o donde sea, y sin importar el idioma, como seres humanos nos sentimos acompañados, porque nuestros problemas son problemas que todos entendemos. El otro padre nos recuerda eso.
También tenemos el dato de que estudiaste en Londres, en instituciones como la Royal Academy of Dramatic Arts, y paradójicamente tu llegada a El otro padre fue a través de una prueba por Zoom. ¿Cómo fue esa experiencia de audicionar a distancia y de qué manera tu preparación internacional influyó en tu abordaje de este personaje tan mexicano?
Es muy curioso, porque desde la pandemia la mayoría de los castings ya se hacen a distancia. Pero nunca me había tocado una prueba de química a distancia, que es cuando evalúan qué tanto se puede ver una conexión entre dos actores en cámara. La tuve con Azul y, la verdad, no tenía mucha esperanza porque… ¿por Zoom qué tanto puedes ver? Sin embargo, claramente se vio muchísimo. Los directores vieron algo que ni Azul ni yo sabíamos sobre nuestra química.
Haber estado estudiando allá fue muy importante porque le quitó peso al casting. Cuando haces casting, aunque no quieras, terminas anhelando quedar porque te gusta la historia o el personaje. Pero como yo estaba estudiando y tenía mil cosas en la cabeza, lo único que quería era aplicar lo que estaba aprendiendo, seguir construyéndome como actriz. Eso hizo que no me obsesionara con el futuro.
Además, esa escuela me cambió por completo y me formó. Fue muy bonito poder decirle a mis maestros que tenía un callback, y que en parte era gracias a lo que ellos me habían enseñado. RADA siempre va a ser una parte enorme de mi proceso.
Has hablado con mucha honestidad sobre cómo creciste internalizando estándares de belleza que no incluían el cabello rizado o rasgos como los tuyos, y cómo eso te motivó a querer mostrar historias donde más niñas puedan verse reflejadas. ¿Sientes que Victoria y proyectos como “El otro padre” te permiten ser esa representación que tú no tuviste?
Completamente sí. A mí me hubiera encantado ver a una Victoria, o a alguien como Andrea Chaparro, o incluso Danna Paola —que sé que sus chinos no son naturales, pero igual están redefiniendo lo que significa ser una mujer con pelo rizado existiendo en este planeta.
Andrea subió hace poco un TikTok hablando de eso y me sentí súper identificada. A nosotras, las mujeres de pelo rizado, toda la vida nos han dicho que el pelo chino “no es elegante”, que nos vemos despeinadas, y muchas veces se trata como un rasgo “malo”. En países como República Dominicana incluso le dicen “pelo malo”. Eso ha generado muchísimo estigma y ha moldeado nuestra identidad solo por tener el pelo diferente.
Por eso me da muchísimo gusto que ahora no solo se vea el pelo rizado en muchas mujeres, sino que se vea como algo bonito, algo que muchas desean. Es curioso: el famoso “queremos lo que no tenemos”.
Victoria está increíble porque no solo es la única de su familia con el pelo rizado —igual que yo, que crecí siendo la única— sino que además es una chava inteligente, guapa, fuerte, que no cae en estos estereotipos arcaicos sobre las mujeres con pelo rizado. Eso, para mí, es representación real.
Pamela, ya para ir cerrando, ¿qué tipo de personaje te gustaría explorar en tu próximo proyecto y cómo crees que El otro padre ha abierto nuevas puertas para ti?
Yo quiero vivir y experimentarlo todo. Llevo un buen rato diciendo que me encantaría interpretar a una trabajadora sexual, porque es un tema que me parece súper interesante. Es el oficio más antiguo —como se dice por ahí— y aun así sigue siendo un tabú enorme. Claro, hay historias, pero es algo que me encantaría explorar.
También lo he dicho en todos lados: soy un ratón de biblioteca. Muero por protagonizar una película distópica, tipo Los juegos del hambre o Divergente. No solo crecí con esas historias, sino que nos enseñaron muchísimo como jóvenes; son parte de la razón por la que mi generación es tan política y tan consciente.
Muero por hacer una romcom, justo porque nunca vi a alguien como yo —hablando del pelo rizado— siendo protagonista. Siempre somos la amiga. También muero por hacer fantasía, es lo que más me gusta leer. Yo sí me considero una persona con mucha imaginación: dragones, hadas, castillos, algo de época… todo.
Pero también me fascinan esas historias tremendamente humanas, las que muchas veces solo se ven en películas independientes. Me encanta explorar la condición humana. Me gustaría interpretar a una asesina, o un personaje con alguna condición de salud mental, como desorden de personalidad antisocial o identidad disociativa.
Antes de pasar a la siguiente parte, ¿qué es lo que más esperas que el público se lleve después de ver El otro padre?
Espero que nos anime a ver el otro lado de todas las historias y de todos los problemas que hemos vivido. Que pensemos en todas las veces que vimos a otro ser humano como el villano de nuestra historia, e intentemos entender cómo y por qué tomamos las decisiones que tomamos.
Espero que nos haga pensar y ser más empáticos, porque muchas veces no dimensionamos lo que puede estar pasando la persona de al lado. Y también me gustaría que pensemos en ser donantes. Es algo que evitamos porque implica pensar en nuestra mortalidad, pero también significa salvar vidas.
Para conocer más de Pamela
¿Cuál es esa serie o película que tú no puedes dejar de ver una y otra vez, esa que te atrapa como espectadora?
Las películas que más he visto son Sing Street y Moana. Ambas me hacen sentir que puedo salir adelante. Sing Street además tiene un soundtrack espectacular, es bellísima. Y Moana me encanta porque no solo es una princesa que se parece a mí, sino que su historia no tiene nada que ver con el amor romántico.
De series, definitivamente Girls y Fleabag.
Si pudieras interpretar a cualquier personaje de la historia del cine o la televisión, sin importar género o época, ¿cuál sería y por qué?
Uff… Leonora Carrington, Katniss Everdeen, Carrie Bradshaw, Stevie Nicks, o Mary Queen of Scots. ¡Son tantas! Son mujeres que me fascinan y con las que conecto muchísimo.
Comenzaste a actuar profesionalmente desde los seis años. Si pudieras darle un consejo a esa Pamela niña que daba sus primeros pasos en la actuación, ¿qué le dirías?
Que no se deje influenciar por cómo se ve ni por si siente que es “lo suficiente” para esta carrera. Esta profesión no se trata de eso, sino de aguantar todos los “no” y seguir adelante.
¿Hay una canción que sientas que representa perfectamente este momento de tu carrera, con El otro padre en el #1 global y todo el reconocimiento que estás recibiendo?
Hammer de Lorde, The Year of the Snake de Arcade Fire y Free de Florence and the Machine. Sé que son tres y no una, pero ni modo jajaja.
Te toca ser anfitriona de una comida, ¿qué prepararías para tus invitados?
Haría una estación de poke bowls, así cada quien decide qué ponerle (además no soy mucho de cocinar). Pero sí prepararía drinks: pornstar martinis, mezcalitas y St. Germain spritz.
Sigue a Pamela en Instagram: @pamela.moreno
Créditos
Fotógrafo: César Larenaudie @cesarlarenaudie
Styling: Father Figure Collective @itsfatherfigure
Maquillaje: Ale Romua @aleromua
Pelo: Alex Iñiguez @alejandroiniguezhair
Agencia: Punto Entertainment @puntoentmx
Entrevista: David Patiño Torres @bavidbavid