Escena típica: son las 11 de la noche, tú llevas una hora dando vueltas, repasando mentalmente la lista de pendientes del día siguiente, y a tu lado, él ronca plácidamente a los dos minutos de apagar la luz. Además de ser una de las situaciones más irritantes del planeta, esta estampa tiene una explicación científica: las mujeres, efectivamente, necesitan dormir más que los hombres.
Pero no, no es que seamos “más dormilonas”. La razón es mucho más compleja y tiene que ver con nuestra biología, nuestras hormonas y, cómo no, con esa famosa “carga mental” que llevamos a cuestas.
Investigaciones de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y del Centro de Investigación del Sueño de la Universidad de Loughborough sugieren que las mujeres podrían necesitar entre 20 y 30 minutos más de sueño por noche que los hombres debido a una mayor demanda cognitiva. Puede no parecer mucho, pero como explica la Dra. Sabrina Solt, médica naturópata, “perder sistemáticamente esa media hora extra puede afectar seriamente la memoria, el estado de ánimo y el metabolismo”.
1. Somos más propensas a los trastornos del sueño
La fatiga no está en nuestra cabeza: está en la investigación. Estudios recientes muestran que las mujeres tienen una probabilidad significativamente mayor de desarrollar insomnio que los hombres.
“Las mujeres son más vulnerables a la deficiencia de hierro, los desequilibrios tiroideos y las fluctuaciones de dopamina, factores clave que contribuyen tanto al insomnio como al síndrome de piernas inquietas”, señala la Dra. Solt. A esto se suma que la apnea del sueño se diagnostica menos en mujeres porque se presenta de forma diferente: en lugar de ronquidos fuertes y ahogos, los síntomas suelen ser somnolencia diurna, dolores de cabeza y la sensación de no haber descansado bien, según la Dra. Jen Wagner, médico certificada y directora de salud y rendimiento de Canyon Ranch.
2. Las hormonas femeninas son unas verdaderas saboteadoras del sueño
Nuestro ciclo menstrual, gobernado por los estrógenos y la progesterona, influye directamente en la calidad de nuestro descanso. La Dra. Solt lo explica con una metáfora perfecta: “Las hormonas son como una orquesta, y cuando las hormonas femeninas clave, como el estrógeno o la progesterona, bajan, toda la orquesta desafina”.
- Durante la fase lútea (antes de la menstruación), la progesterona aumenta y produce sueño, pero a menudo es un sueño fragmentado y lleno de sueños vívidos que no descansan.
- Con la menstruación, llegan los cólicos, la hinchazón y los cambios de humor, cóctel perfecto para dormir mal.
- En la perimenopausia y la menopausia, el desplome de estrógenos y progesterona provoca sofocos y sudores nocturnos que interrumpen el descanso. De hecho, la Dra. Wagner apunta que “la prevalencia de la apnea obstructiva del sueño aumenta considerablemente durante la perimenopausia, ya que los cambios hormonales afectan el tono muscular de la garganta”.
3. El estrés y la carga mental: un enemigo silencioso
Aquí llegamos al punto que seguramente más nos resonará. “Procesamos más señales emocionales y sociales, realizamos múltiples tareas con más frecuencia y tendemos a llevar la ‘carga mental’ del hogar, consciente o inconscientemente”, explica la Dra. Solt. “Añade los cambios hormonales a eso y tienes un cerebro que trabaja duro las 24 horas del día. Eso requiere descanso, no solo para recargarse, sino para recalibrarse”.
Ese ruido de fondo mental mantiene alerta a la amígdala (el centro de las emociones en el cerebro) e impide que el sistema nervioso se relaje por completo. “Las mujeres tienden a permanecer en modo de ‘lucha o huida’ más tiempo que los hombres, por lo que los niveles de cortisol y adrenalina se mantienen elevados durante más tiempo”, añade la experta. “El estrés crónico bloquea la producción de melatonina y retrasa el sueño profundo y reparador”. ¿El resultado? Esa sensación de “cansada pero acelerada” que muchas conocemos bien.
Cómo podemos dormir (y vivir) mejor
Afortunadamente, hay estrategias que podemos incorporar a nuestra rutina para mejorar la calidad del sueño. Aquí van los consejos de las expertas:
Tips de la Dra. Jen Wagner:
- Ritmo constante: Acuéstate y levántate a la misma hora para sincronizar tu reloj biológico.
- Habitación santuario: Que sea oscura, fresca y silenciosa. Invertir en cortas blackout y en un buen humidificador puede marcar la diferencia.
- Cena ligera y temprano: Evita las comidas copiosas 2 o 3 horas antes de acostarte.
- Ritual de desconexión: Apaga las pantallas al menos una hora antes de dormir. En lugar del celular, un lector de libros electrónicos como el Kindle Paperwhite (sin luz azul) es un gran aliado.
- Protege tus sueños: Evita revisar el teléfono nada más despertar para no interrumpir los últimos ciclos REM.
Dormir no es un lujo, es una necesidad biológica, y en el caso de nosotras, con matices muy específicos que merecen ser atendidos. Así que la próxima vez que alguien te diga eso de “es que tú duermes mucho”, ya sabes qué responder: no es que durmamos más, es que lo necesitamos para funcionar al cien por cien. Y no, no es un mito.
Imagen de portada: KamranAydinov.