Para Sylvia Sáenz, los personajes —especialmente los que etiquetamos como “villanos”— no viven en el blanco o el negro, sino en una vasta gama de grises. Es desde esa complejidad humana que aborda a Melissa, su nuevo personaje en la exitosa serie El Niñero de Netflix.

En un diálogo franco y reflexivo, Sáenz nos invita a recorrer su mapa personal: desde sus días de formación en Londres y Nueva York hasta la tranquilidad introspectiva que encuentra fuera de los sets, pasando por el “apapacho” que significó unirse a un elenco consolidado.

Sylvia, te integras a “El Niñero” en su tercera temporada como Melissa, una periodista que complica la vida de Jimena (Sandra Echeverría). ¿Cómo fue llegar a un elenco y una dinámica ya tan consolidados?
Fue lo más fácil del mundo. Sí estaba nerviosa por integrarme a algo ya tan consolidado, pero desde el día uno Sandra me recibió increíblemente bien. Fue con la que más interacción tuve y, desde el callback, me hizo sentir muy tranquila. Ya cuando me integré y los fui conociendo a todos, entendí por qué el éxito del proyecto. Son de los compañeros más generosos con los que me ha tocado compartir. Desde el inicio me sentí parte de la familia que han construido en estos años, y fue padrísimo. Es un proyecto familiar, bonito, hecho con mucho amor, y se nota en cada escena. Ser parte de proyectos así es un privilegio y un apapacho.

Melissa busca hacerle difícil la vida a la protagonista desde su pasado. Has interpretado personajes con muchos matices, como en Armas de mujer. ¿Cómo te acercaste a Melissa para evitar que fuera una villana unidimensional?
Yo siempre abordo los personajes, sin importar el género, desde la gama de grises. Creo que es ahí donde los seres humanos habitamos, no en el blanco y negro que nos polariza y crea juicio constante hacia el otro. Eso me ayuda a que, sin importar qué tan banales puedan parecer los conflictos en el exterior, el mundo interno de los personajes esté siempre vivo, con sus virtudes y sus defectos.

Cuando haces una villana, es lo que creo que siempre hay que tener claro para no caer en lo obvio. A mí me encanta hacer antagonistas; todos cargamos con heridas y desde ahí operamos muchas veces. Las villanas son así: sus botones son automáticos y su percepción del mundo siempre viene desde ahí.

Cuando encuentras esas heridas en un personaje, es imposible no empatizar de alguna manera, y siempre te regalan un entendimiento más profundo sobre la psicología del ser humano.

Sylvia Sáenz

Has transitado de la televisión abierta al streaming. ¿Qué diferencias creativas percibes al trabajar en una serie para una plataforma como Netflix?
Pienso que en todos lados hay gente creativa y talentosa que quiere hacer las cosas bien con lo que tienen a la mano. Son formas de trabajar muy distintas.

A mí, la verdad, me encanta el reto de darle vida y forma a 30 escenas en un día de llamado de novela, pero a largo plazo se vuelve agotador para la memoria y para el sistema nervioso, al que llevas al límite en un proyecto largo. Rara vez sabes cómo terminará tu personaje o cuál será realmente su arco dramático; se va haciendo sobre la marcha, y esa parte me parece retadora e interesante.

Una serie tiene mucha más claridad, estructura y un ritmo que te permite profundizar más en cada escena y cuidar mucho más todos los elementos narrativos. Los guiones normalmente están más trabajados y estudiados.

Me es difícil compararlos porque cada uno tiene su propio estilo, y yo me siento muy afortunada de poder seguir aprendiendo de ellos sin tener que elegir. Netflix es una puerta que llevo buscando abrir desde hace tiempo; nunca había hecho un proyecto original con ellos y fue increíble la experiencia completa. Al igual que lo fue trabajar con Carolina Rivera y Fernando Sariñana. Desde que empecé mi carrera quería trabajar con ellos, y lo disfruté muchísimo.

Tu formación incluye etapas en Londres, Nueva York y el CEFAC en México. ¿De qué manera moldearon tu técnica y perspectiva actoral?
Siempre he dicho y sostengo que mi carrera se la debo al CEFAC. Sin esa oportunidad, la verdad es que no sé si me hubiera dedicado a esto. Posteriormente tomé varios cursos en México que me despertaron la curiosidad por aprender más y seguir preparándome.

Mis estudios en Londres fueron los que me ayudaron a cimentar mi verdadera pasión, que es el teatro, y sí siento que era una actriz antes y otra después de esa experiencia.

En NY estudié guion y me ayudó a darme cuenta de que, más allá de ser actriz, lo que realmente me mueve es contar historias. Estas experiencias han hecho que vaya modificando mi camino en esta industria. Todas eran necesarias para ir cuestionando mi camino como artista e ir entendiendo quién soy y para qué me quiero dedicar a esto.

En más de 15 años de carrera, ¿hay algún papel que identifiques como un verdadero parteaguas para ti?
Todos han tenido retos muy específicos y necesarios. Me cuesta mucho escoger uno, pero quizás Jimena en 100 días para enamorarnos. Fue el primer personaje con el que realmente me sentí completamente libre.

Jimena me dio una gran confianza en mi instinto. Fue un personaje muy bien recibido, pero más allá de eso, me confirmó la magia detrás de la comedia y el gran amor y respeto que le tengo al género.

Has tenido una presencia constante en el teatro. ¿Qué te da el teatro que la cámara no te ofrece, y viceversa?
Para mí, el teatro es el arte más vivo. Es el espejo que retrata nuestra humanidad en la forma más pura. Es un ancla al presente, a la reflexión, y es de los espacios más fértiles para la conexión humana, que para mí es el motor de nuestra existencia y por eso es tan poderoso.

El arte audiovisual es otra experiencia completamente distinta, al menos para mí. En mi caso, la formación en teatro ha sido indispensable para que yo pueda pararme frente a una cámara, pero difícilmente podría escoger entre uno y otro. Soy una mezcla entre mi formación en teatro y mi aprendizaje en el set. Cada uno me ha enseñado y me ha hecho crecer de manera diferente.

Fuera del set, ¿cuáles son esas actividades que te definen y te ayudan a recargar energías?
La verdad es que soy muy tranquila y bastante introvertida. Me encanta mi espacio, disfruto mucho de mi soledad y de la compañía de mi perrita. Amo leer y escribir. Amo comer rico y descubrir nuevos lugares. Amo viajar, pero he viajado tanto en los últimos años que ahora ando un poco cansada; seguramente lo retomaré más adelante.

Si pudieras enviar un mensaje a esa Sylvia que recién egresaba del CEFAC, ¿qué le dirías?
Mientras tengas un “para qué”, siempre encontrarás el camino. Eso y tus valores son los que te mantendrán con una buena brújula, por muy difícil que sea todo lo que implica esta carrera. No tienes que demostrarle nada a nadie, ni tienes que permanecer siendo una sola versión de ti porque alguien te dijo que esa era la que funcionaba. Se vale cambiar el rumbo las veces que sea necesario.

Para saber un poco más de Sylvia

¿Dulce o salado?
Salado.

¿Una serie para “maratonear” y una para ver de a un capítulo por semana?
Seinfeld es mi favorita para maratonear, y ahora ando muy clavada con Pluribus; espero con ansias el capítulo semanal.

¿Actriz o personaje de ficción con el que te gustaría tomar un café y tener una larga conversación?
¡Uy, muchas! Me caen bien los rebeldes, los que no siguen las reglas que marca esta industria. Faye Dunaway y Daniel Day-Lewis están en mi lista, pero tengo a muchos por distintas razones.

¿La canción que no puede faltar en tu playlist de viaje al set?
Alguna de Taylor Swift, que soy fan.

Completa la frase: “Un domingo perfecto implica…”
No moverme del sillón y comer delicioso.

 

Sigue a Sylvia en Instagram: @sylviasaenzz

 

Créditos

Fotografía: Esteban Calderón @estebancalderon

Relaciones Públicas: @jandf_pr

Entrevista: David Patiño Torres @bavidbavidbavid