Revista Ambiance
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Érase una vez en Hollywood:
por Francisco González Quijano
Quentin Tarantino suele estar en el Top Ten de todos los cinéfilos de mi generación. Él nos enseñó, en los 90, que lo decadente y kitsch podía transformarse igual en una hermosa canción de rock que en una obra de arte.

No es poca cosa que gracias a su filmografía podamos ser fans de géneros que antes odiábamos (al menos yo): la acción, las artes marciales, las de vaqueros, las de nazis.

Y así nos “voló la cabeza” con rock, violencia, humor y revanchas inesperadas. Bajo este contexto -y sin leer siquiera la sinopsis- fui a ver Once Upon a Timein Hollywood. Título que anticipa un posible cuento de hadas; y con esos puntos suspensivos que anteceden a la tierra californiana del final feliz pensé ¿cómo es un final feliz en una de Tarantino?

Para este desenlace, tomó referencias fílmicas y televisivas de los sesentas, así como la terrible historia de Sharon Tate, esposa de Roman Polanski asesinada a sangre fría por la secta del asesino serial Charles Manson. El resultado es una comedia que casi no se acerca en intensidad ni en calidad a lo más reciente del director, pero que tampoco desilusiona.

La historia va un poco a la deriva en torno a un actor de western en decadencia, Rick Dalton, y a su doble de acción Cliff Booth (Leonardo DiCaprio y Brad Pitt, sobresalientes) que tratan de adaptarse a la industria y al contexto sesentero de California. Ambos plagados de referencias de esos años, y que el director se esmeró es retratar. A veces son Starsky y Hutch, otras Juntos son dinamita, por momentos Chuck Norris, a veces Charles Bronson o Burt Reynolds.



Guiños a todos ellos, así como a tantas cosas del Hollywood de la época y del cine italiano de vaqueros (Spaghetti Western). Tanto, que por momentos nos sitúan frente a una parodia tipo Otra tonta película de...; pero todo en Tarantino es cool, hasta eso.

La mayoría de los demás personajes son tomados de la vida real, y algunos caricaturizados sin piedad. Polanski le da un aire a Austin Powers, Bruce Lee es un pelmazo que realmente no sabe pelear, y Sharon Tate es una rubia tonta clásica, por ejemplo.

La música, como en cada una de sus películas, mantiene de buenas durante las tres horas que dura la aventura: canciones de The Mamas and The Papas, Bob Seger, Deep Purple y una mágica versión de Out of Time, de los Rolling Stones, entre las más de 33 que forman la banda sonora, piezas que serían más que suficientes para catalogarla de imperdible.

A Tarantino sólo le faltaba hacer que me guste una “gringada” con un final feliz y, muy a su estilo, lo hizo de nuevo.